
Las aceras también generan economía: el impacto silencioso de las calles
Un estudio en Phoenix y Boston muestra que el diseño urbano puede influir en el desempeño de los negocios, aunque no de la misma forma en todas las ciudades.
Durante décadas, las aceras se han asociado principalmente con movilidad, seguridad vial y calidad de vida. Sin embargo, cada vez más investigaciones sugieren que también pueden desempeñar un papel económico relevante en la construcción de ciudades más dinámicas.
Un ejemplo es el estudio "Place-making and performance: the impact of walkable built environments on business performance in Phoenix and Boston", elaborado por los investigadores Kevin Credit y Elizabeth A. Mack, que analizó la relación entre entornos urbanos caminables y el rendimiento de miles de empresas en ambas ciudades estadounidenses.
La investigación parte de una idea sencilla: la forma en que se diseñan los barrios puede influir en la actividad económica. Elementos como calles transitables, mezcla de usos de suelo, diversidad arquitectónica, accesibilidad peatonal y presencia de transporte público forman parte de lo que los urbanistas denominan "place-making", es decir, la creación de lugares con identidad y vida urbana.
Los resultados muestran que ciertos rasgos asociados a la caminabilidad están vinculados con mejores niveles de ventas por empleado en algunos sectores económicos. Sin embargo, los autores advierten que no existe una fórmula universal ni puede afirmarse que una calle más amigable para el peatón genere automáticamente mayores ingresos.
Uno de los hallazgos más interesantes es que los efectos cambian según la ciudad. En Boston, por ejemplo, los barrios con usos mixtos —donde conviven viviendas, comercios y servicios— mostraron asociaciones positivas con el desempeño de negocios minoristas y de conocimiento. En Phoenix, en cambio, algunos indicadores tradicionalmente ligados a la caminabilidad tuvieron una relación menos clara o incluso inversa.
La explicación tiene que ver con el contexto urbano. Boston posee una estructura más compacta, con una fuerte tradición peatonal y de transporte público. Phoenix, por el contrario, creció alrededor del automóvil, con grandes distancias y una dependencia mayor del vehículo privado. Lo que funciona en una ciudad no necesariamente funciona en otra.
El estudio también recupera una de las ideas centrales de la urbanista Jane Jacobs: la diversidad urbana importa. La presencia de edificios de distintas épocas, calles activas y una mezcla de actividades puede favorecer la vitalidad económica porque genera entornos más flexibles y atractivos para personas y empresas.
Más allá de las ventas o la productividad, la investigación aporta una reflexión sobre cómo se diseñan las ciudades. Una acera no es únicamente una infraestructura para caminar; puede convertirse en un espacio donde ocurren encuentros, intercambios comerciales y actividades cotidianas que fortalecen la economía local.
Los autores subrayan, sin embargo, que los datos muestran asociaciones estadísticas y no relaciones directas de causa y efecto. El éxito de un negocio sigue dependiendo de factores como la gestión, la demanda del mercado o la competencia, además de las características físicas del entorno urbano.
Aun con esas limitaciones, el trabajo ofrece una lección valiosa para alcaldes, urbanistas y desarrolladores: invertir en calles más caminables no solo puede mejorar la experiencia urbana y la sostenibilidad, sino también contribuir a crear barrios económicamente más atractivos. La clave está en entender que cada ciudad tiene sus propias dinámicas y que el diseño urbano funciona mejor cuando responde a las necesidades específicas de quienes la habitan.










