
Urbanismo con perspectiva de género: el reto pendiente de las ciudades inclusivas
La planificación urbana sigue respondiendo principalmente a modelos laborales tradicionales, mientras millones de mujeres enfrentan barreras de movilidad, seguridad, acceso a servicios
Las ciudades concentran hoy a más de la mitad de la población mundial y continúan creciendo a un ritmo acelerado. Sin embargo, los beneficios de la urbanización no se distribuyen de manera equitativa. Según ONU-Habitat, factores como el empleo, la seguridad, la propiedad de la tierra, el acceso al crédito y la educación siguen condicionando el bienestar de mujeres y niñas en los entornos urbanos, convirtiendo la equidad de género en uno de los principales retos del desarrollo urbano sostenible.
Una urbanización que no beneficia a todos por igual
La organización de las ciudades ha estado históricamente vinculada a los desplazamientos asociados al trabajo formal y productivo. Sin embargo, este modelo suele ignorar otras actividades esenciales para la vida cotidiana, como el cuidado de niños, personas mayores, las tareas domésticas y la gestión del hogar. ONU-Habitat advierte que cuando servicios básicos como agua, saneamiento o gestión de residuos son insuficientes, la carga para acceder a ellos recae de manera desproporcionada sobre las mujeres.
Esta situación no solo implica una mayor inversión de tiempo, sino también mayores riesgos. Las mujeres que deben desplazarse largas distancias para acceder a infraestructura básica pueden verse expuestas a entornos inseguros o a situaciones de violencia, especialmente en áreas periféricas o asentamientos informales.
La movilidad urbana revela una brecha estructural
Uno de los principales hallazgos de los organismos internacionales es que muchos sistemas de transporte continúan diseñándose en función de patrones de movilidad masculinos, centrados en los trayectos entre zonas residenciales y distritos de empleo. Sin embargo, las mujeres suelen realizar desplazamientos más complejos, vinculados al trabajo informal, la educación de los hijos, las compras del hogar o el cuidado de familiares.
Por ello, ONU-Habitat plantea que la movilidad urbana debe incorporar una visión más amplia de las necesidades cotidianas. La recomendación incluye extender el acceso a servicios de salud, educación y transporte hacia áreas periurbanas y descentralizadas, donde viven millones de personas en crecimiento constante alrededor de las grandes ciudades.
De Mumbai a Barcelona: ejemplos de transformación urbana
Algunas ciudades ya han comenzado a incorporar esta visión en sus políticas públicas. En un asentamiento informal de Mumbai, India, mujeres participaron directamente en la planificación de instalaciones sanitarias para mejorar la seguridad y accesibilidad de estos espacios. La iniciativa permitió adaptar la infraestructura a las necesidades reales de quienes la utilizan diariamente.
En Europa, Barcelona integró la perspectiva de género en sus políticas urbanísticas desde 2017. Entre las medidas implementadas destacan la ampliación de aceras, mejoras en iluminación, eliminación de barreras urbanas y procesos participativos mediante recorridos vecinales liderados por mujeres para identificar zonas inseguras o con deficiencias de accesibilidad.
El acceso a la tierra y al crédito sigue siendo una barrera
Más allá del diseño físico de las ciudades, ONU-Habitat subraya que el acceso al crédito, los títulos de propiedad y los recursos financieros continúa siendo un elemento fundamental para el empoderamiento económico femenino. En numerosas regiones del mundo, las mujeres aún enfrentan obstáculos para acceder a la propiedad de la tierra o formalizar activos, limitando su capacidad para participar plenamente en la economía urbana.
La organización también advierte sobre otro desafío persistente: la falta de datos desagregados por género, una limitación que dificulta medir el impacto de las políticas urbanas y diseñar estrategias efectivas para reducir desigualdades.
El futuro de las ciudades pasa por la inclusión
La Nueva Agenda Urbana de Naciones Unidas identifica la urbanización con perspectiva de género como una herramienta clave para combatir la pobreza y reducir la discriminación. En un contexto de crecimiento urbano global, los expertos coinciden en que la planificación debe evolucionar desde un enfoque centrado exclusivamente en la productividad hacia otro que incorpore los cuidados, la seguridad, la accesibilidad y la vida cotidiana.
A medida que las ciudades continúan expandiéndose, el debate ya no gira únicamente en torno a cuántas viviendas, carreteras o edificios se construyen, sino a quién benefician realmente esos espacios. El reto para las próximas décadas será diseñar entornos urbanos capaces de responder a las necesidades de toda la población y no solo a una parte de ella.










