
Copenhague: cómo el automóvil dejó de ser el protagonista de la ciudad
La capital danesa transformó calles y estacionamientos para priorizar peatones, bicicletas y espacio público durante más de seis décadas.
Durante la segunda mitad del siglo XX, Copenhague enfrentó un problema común en muchas ciudades: el automóvil comenzaba a ocupar cada vez más calles, plazas y espacios destinados a la vida urbana. La respuesta danesa fue gradual pero profunda: reducir el espacio para los vehículos y ampliar el destinado a peatones, bicicletas y transporte público.
El experimento que cambió la ciudad
El punto de inflexión llegó en 1962, cuando la ciudad convirtió Strøget, una de sus principales calles comerciales, en una vía peatonal experimental. La decisión generó oposición, especialmente entre comerciantes que temían perder clientes, pero la experiencia terminó consolidándose y se convirtió en permanente en 1964.
La transformación no terminó allí. Durante las décadas siguientes, Copenhague fue extendiendo las áreas peatonales y recuperando plazas ocupadas por automóviles estacionados. El proceso fue deliberadamente progresivo: en lugar de eliminar de una sola vez la circulación vehicular, la ciudad fue modificando las calles y observando cómo respondían sus habitantes.
De estacionamientos a espacios públicos
Uno de los cambios más importantes ocurrió cuando el espacio que antes funcionaba como estacionamiento comenzó a utilizarse para otros fines. Plazas, calles y áreas junto al puerto fueron recuperadas para caminar, permanecer, encontrarse o desarrollar actividades comerciales, reforzando la idea de que una calle podía tener un valor urbano mayor que simplemente permitir el paso o almacenamiento de automóviles.
El urbanista danés Jan Gehl tuvo un papel destacado en este proceso. Sus investigaciones sobre cómo las personas utilizaban los espacios públicos ayudaron a que la planificación urbana incorporara indicadores sobre peatones, permanencia y actividad en las calles. La ciudad pasó así de preguntarse únicamente cómo mover vehículos a estudiar cómo crear mejores condiciones para quienes caminan y permanecen en ella.
La bicicleta se convirtió en el segundo gran componente de esta transformación. La estrategia ciclista de Copenhague estableció como prioridades reducir los tiempos de viaje, mejorar la comodidad y aumentar la seguridad, además de crear una red conectada de infraestructura ciclista. En 2011, la ciudad fijó como objetivo convertirse en la mejor ciudad ciclista del mundo.
Una ciudad diseñada para cambiar de transporte
Los resultados muestran el alcance del cambio. En 2015, el 34% de los viajes se realizaba en bicicleta, frente a 25% en transporte público y 41% en automóvil. La planificación municipal estableció como meta que al menos un tercio de los desplazamientos correspondiera a cada uno de esos modos.
El modelo tampoco depende de una única intervención. Copenhague ha combinado calles peatonales, ciclovías, reducción del espacio para estacionamiento, infraestructura para bicicletas y medidas de calmado de tráfico. Entre 2009 y 2018, se invirtieron alrededor de 2.000 millones de coronas danesas en proyectos relacionados con la bicicleta, incluyendo infraestructura, seguridad y calles comerciales con menor presencia vehicular.
La experiencia de Copenhague ciudad sin coches no significa que el automóvil haya desaparecido de la capital danesa. Su transformación consiste en algo diferente: cambiar la jerarquía del espacio urbano para que conducir deje de ser la única prioridad. Más de 60 años después de aquel primer experimento en Strøget, la ciudad continúa aplicando esa lógica y demuestra que modificar una ciudad puede ser un proceso acumulativo, en el que cada calle recuperada para las personas transforma también la manera de vivirla.










