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El urbanismo ante el cambio climático

Las ciudades necesitan incorporar el riesgo climático a su diseño mediante infraestructura verde, gestión del agua y espacios urbanos resilientes.

El urbanismo ante el cambio climático
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El cambio climático está modificando las condiciones bajo las cuales se construyen y funcionan las ciudades. Olas de calor, lluvias intensas, inundaciones, sequías y aumento del nivel del mar incrementan la presión sobre viviendas, sistemas de transporte, redes de agua y espacios públicos. El IPCC advierte que la combinación entre temperaturas más altas y superficies urbanas impermeables puede intensificar riesgos como el estrés térmico y las inundaciones.

Diseñar ciudades para nuevos riesgos

Frente a este escenario, el urbanismo adaptado al cambio climático busca incorporar los riesgos ambientales desde la planificación y no únicamente responder cuando ocurre una emergencia. Esto implica definir dónde y cómo crecer, considerar las características del territorio y adaptar edificios, vialidades, sistemas de drenaje y espacios públicos a condiciones climáticas cada vez más variables. ONU-Habitat señala que la infraestructura heredada, diseñada sin considerar estos riesgos, puede limitar la capacidad de las grandes ciudades para adaptarse.

 

Una de las estrategias consiste en integrar soluciones basadas en la naturaleza dentro de la estructura urbana. Parques, corredores verdes, bosques urbanos, humedales, jardines de lluvia, techos verdes y superficies permeables pueden contribuir a gestionar el agua de lluvia y disminuir el impacto del calor. PNUMA destaca que la vegetación, los cuerpos de agua y las cubiertas verdes pueden reducir el efecto de isla de calor y mejorar el confort térmico, mientras que investigaciones recientes encuentran efectos positivos de estas soluciones frente a inundaciones y temperaturas extremas.

Del drenaje a la gestión del agua

La adaptación también requiere replantear la relación de las ciudades con el agua. En lugar de depender exclusivamente de sistemas convencionales para evacuar rápidamente las precipitaciones, la planificación puede combinar infraestructura gris con espacios capaces de captar, almacenar, infiltrar y conducir el agua. La evidencia revisada por investigadores especializados identifica los sistemas urbanos de drenaje sostenible como una de las principales aproximaciones de adaptación, mientras que ONU-Habitat plantea trabajar a distintas escalas, desde las cuencas y el territorio hasta la ciudad y el barrio.

Espacio público y confort térmico

La adaptación climática también transforma la experiencia cotidiana de las ciudades. El diseño de calles, plazas y áreas peatonales puede incorporar sombra, vegetación, materiales adecuados y acceso al agua para reducir la exposición al calor. Estas intervenciones pueden integrarse con movilidad activa, áreas recreativas y recuperación de espacios deteriorados. Para ONU-Habitat, la regeneración urbana orientada a la resiliencia puede vincular planificación, soluciones basadas en la naturaleza y desarrollo urbano, con beneficios que abarcan desde la reducción del riesgo hasta la salud y la calidad del espacio público.

Adaptar las ciudades al cambio climático implica, por tanto, modificar la manera en que se toman decisiones sobre el territorio: identificar riesgos, proteger ecosistemas, actualizar infraestructura y considerar las condiciones climáticas futuras antes de definir nuevos proyectos. El reto no consiste únicamente en construir más infraestructura, sino en configurar ciudades capaces de absorber impactos, mantener sus funciones esenciales y ofrecer espacios habitables frente a un clima cambiante.